El sancocho que sobrevivió a tres generaciones
No hay receta escrita. Hay un orden, unos tiempos y una discusión de cuarenta años sobre si el plátano va entero o partido.
En mi casa el sancocho nunca se escribió. Se aprendía parándose al lado de la olla, aguantando el calor, y respondiendo preguntas: ¿ya huele? ¿ya suena distinto? ¿el plátano se deshace o todavía aguanta?
Mi abuela decía que una receta escrita es una receta que alguien ya dejó de hacer. Exageraba, como siempre. Pero tenía razón en algo: lo que importa aquí no son las cantidades, es el orden.
El orden, que es lo único fijo
La carne primero, sola, con agua fría y sal. Esto no es negociable y es la parte que más gente se salta. El agua fría saca el sabor hacia el caldo; el agua hirviendo lo sella dentro de la carne. Media hora larga antes de que entre nada más.
Después, y en este orden exacto:
- La yuca, que es la que más tarda y la que espesa.
- El plátano verde, partido con la mano y no con cuchillo.
- La mazorca, en trozos gordos.
- La papa, casi al final, porque se deshace mirándola.
El cilantro va apagado el fuego. Siempre. Si lo pones antes, a los diez minutos ya no queda nada de lo que fuiste a buscar.
Sobre el plátano partido con la mano
Aquí está la discusión de cuarenta años. Mi abuela lo partía con la mano, sin cuchillo, y sostenía que el borde irregular suelta más almidón y espesa mejor. Mi mamá dice que eso es cuento y que lo hacía porque le daba pereza lavar el cuchillo.
Las dos tienen razón. El borde roto sí suelta más almidón. Y a ella sí le daba pereza lavar el cuchillo.
Lo sigo haciendo con la mano.
Cómo saber que ya está
El sancocho avisa. Deja de oler a ingredientes por separado y empieza a oler a una sola cosa. La yuca se abre sola cuando la tocas con la cuchara. El caldo, que al principio era agua con cosas, ahora se pega apenas a la cuchara.
Si tienes que preguntar si ya está, todavía no está.
Una última cosa que no es técnica ni receta: el sancocho no se hace para uno. Sale mucho a propósito. Esa es la parte que nadie escribe y la única que mi abuela repetía cada vez.